ÍNDICE Editorial, Luis Darío Salamone El objeto droga en la civilización, Eric Laurent (Paris, Francia) Adicciones: un dormir sin sueño, Miquel Bassols (Barcelona, España) Demoliendo sintagmas: La iniciación sexual y los drogadictos, Ernesto Sinatra (Buenos Aires, Argentina) La demanda de felicidad y la promesa analítica, Mónica Unterberger (Madrid, España) Transferencia y ‘adhesión’ en el tratamiento de la toxicomanía, Emmanuel Mello, Liliana Bullamah Stoll y Maria Célia Reinaldo Kato (San Pablo, Brasil) ¡A tu salud papá! Alcoholismo y acting out, Hilda Vittar (Córdoba, Argentina) Despertar, Marcela Almanza (Distrito Federal, México) La toxicomanía banalizada, Fabián Naparstek (Buenos Aires, Argentina) El cementerio de los elefantes, Thamer Prieto, Claudia Peñaloza, Cristhian Rendón (Cochabamba, Bolivia) Las Conversaciones del TyA, Jean-Louis Aucremanne (Atenas, Grecia) Chifladuras adictivas: a propósito de la pulsión, psicosis y toxicomanías, Luis Iriarte (Maracaibo, Venezuela) La locura por ir de compras, Darío Galante (Buenos Aires, Argentina) El mártir del cannabis, Nadine Page (Bruselas, Bélgica) Coñac y rosas para Edgar Allan Poe, Luis Darío Salamone (Buenos Aires, Argentina) Me gustaría estar moribundo, Géraldine Somaggio (Rennes, Francia) Über Mantegazza, Elvira María Dianno (Santa Fe, Argentina) Una versión sobre el encuentro entre el psicoanálisis y el colectivo institucional: la lengua viva en la clínica de las toxicomanías, Cassandra Dias Farias (Paraíba, Brasil) Clásico e hipermoderno, Nicolás Bousoño (Buenos Aires, Argentina) Arriar los semblantes, hoy, María Juliana Bottaini (Rosario, Argentina) Arriar los semblantes, Raúl Vera Barros (Rosario, Argentina) El goce del síntoma, Mabel Levato (Buenos Aires, Argentina) Una toxicomanía localizada en la era de la intoxicación generalizada, Maria Wilma S. de Faria (Minas Gerais, Brasil) La excepción toxicómana, Guillermo Drikier (Buenos Aires, Argentina) La experiencia de éxtasis, Liliana Aguilar (Córdoba, Argentina) De es-tragos, Miriam Pais y Romina Carbone (Buenos Aires, Argentina) Work in progress de la clínica de las toxicomanías y el sinthome, Gastón Cottino (Mendoza, Argentina) La oportunidad de la vergüenza, Jazmín Torregiani (Buenos Aires, Argentina) La "supervisión" como reunión clínica, Alfredo Zenoni (Bruselas, Bélgica) Toxicomanías y psicosis: dos casos clínicos en tensión, Adrián Secondo (Rosario, Argentina) ¿Donde está la llave? Un uso posible del juego de apuestas, Luz Mariela Coletti (Buenos Aires, Argentina) Neurociencias del consumo: Políticas de reducción y de prevención de la subjetividad", Eugenio Díaz Massó (Barcelona, España) El semblant
Novedades
viernes, 19 de agosto de 2011
ÍNDICE Editorial, Luis Darío Salamone El objeto droga en la civilización, Eric Laurent (Paris, Francia) Adicciones: un dormir sin sueño, Miquel Bassols (Barcelona, España) Demoliendo sintagmas: La iniciación sexual y los drogadictos, Ernesto Sinatra (Buenos Aires, Argentina) La demanda de felicidad y la promesa analítica, Mónica Unterberger (Madrid, España) Transferencia y ‘adhesión’ en el tratamiento de la toxicomanía, Emmanuel Mello, Liliana Bullamah Stoll y Maria Célia Reinaldo Kato (San Pablo, Brasil) ¡A tu salud papá! Alcoholismo y acting out, Hilda Vittar (Córdoba, Argentina) Despertar, Marcela Almanza (Distrito Federal, México) La toxicomanía banalizada, Fabián Naparstek (Buenos Aires, Argentina) El cementerio de los elefantes, Thamer Prieto, Claudia Peñaloza, Cristhian Rendón (Cochabamba, Bolivia) Las Conversaciones del TyA, Jean-Louis Aucremanne (Atenas, Grecia) Chifladuras adictivas: a propósito de la pulsión, psicosis y toxicomanías, Luis Iriarte (Maracaibo, Venezuela) La locura por ir de compras, Darío Galante (Buenos Aires, Argentina) El mártir del cannabis, Nadine Page (Bruselas, Bélgica) Coñac y rosas para Edgar Allan Poe, Luis Darío Salamone (Buenos Aires, Argentina) Me gustaría estar moribundo, Géraldine Somaggio (Rennes, Francia) Über Mantegazza, Elvira María Dianno (Santa Fe, Argentina) Una versión sobre el encuentro entre el psicoanálisis y el colectivo institucional: la lengua viva en la clínica de las toxicomanías, Cassandra Dias Farias (Paraíba, Brasil) Clásico e hipermoderno, Nicolás Bousoño (Buenos Aires, Argentina) Arriar los semblantes, hoy, María Juliana Bottaini (Rosario, Argentina) Arriar los semblantes, Raúl Vera Barros (Rosario, Argentina) El goce del síntoma, Mabel Levato (Buenos Aires, Argentina) Una toxicomanía localizada en la era de la intoxicación generalizada, Maria Wilma S. de Faria (Minas Gerais, Brasil) La excepción toxicómana, Guillermo Drikier (Buenos Aires, Argentina) La experiencia de éxtasis, Liliana Aguilar (Córdoba, Argentina) De es-tragos, Miriam Pais y Romina Carbone (Buenos Aires, Argentina) Work in progress de la clínica de las toxicomanías y el sinthome, Gastón Cottino (Mendoza, Argentina) La oportunidad de la vergüenza, Jazmín Torregiani (Buenos Aires, Argentina) La "supervisión" como reunión clínica, Alfredo Zenoni (Bruselas, Bélgica) Toxicomanías y psicosis: dos casos clínicos en tensión, Adrián Secondo (Rosario, Argentina) ¿Donde está la llave? Un uso posible del juego de apuestas, Luz Mariela Coletti (Buenos Aires, Argentina) Neurociencias del consumo: Políticas de reducción y de prevención de la subjetividad", Eugenio Díaz Massó (Barcelona, España) El semblant
jueves, 5 de mayo de 2011
Cuerpos fragmentados
La Intervención en Lo Social y las nuevas formas del padecimiento
Carballeda, Alfredo
Resumen:
Art. completo
Reseña:LOS CUERPOS FRAGMENTADOS .La intervención en lo social en los escenarios de la exclusión y el desencanto Vivimos en sociedades donde la desigualdad marca no sólo nuevos territorios, sino también nuevas representaciones del temor al fracaso, la frustración, la exclusión. Si antes el control se expresaba en los cuerpos y se dirigía a ellos, hoy se inicia desde allí, desde la necesidad de adaptarlos a las expectativas y posibilidades sociales. El cuidado de uno mismo, en tanto disciplina de los cuerpos, dialoga con la desigualdad, dado que se construye dentro de una lógica competitiva en escenarios donde conviven la exclusión social y la concentración de la riqueza, a veces sólo separados por muros reales o simbólicos que dejan a unos y a otros encerrados dentro de una parálisis que impide la movilidad social de los más desposeídos. Esta nueva configuración de los cuerpos, que es la punta de un iceberg de nuevas problemáticas sociales, complejas, sin duda pone en jaque la intervención clásica en lo social. De hecho ésta es mirada con desconfianza por los propios actores involucrados. Pero precisamente es allí, en el reconocimiento de los alcances y limitaciones de la intervención tradicional, donde decide situarse Alfredo Carballeda para desplegar una mirada reflexiva y crítica. Mirada a la vez constructiva, en la medida en que ello le permite establecer otras categorías de análisis, nuevas cartografías sociales, y sentidos diversos para escenarios complejos.
LOS CUERPOS FRAGMENTADOS
Editorial: PAIDOSmiércoles, 7 de julio de 2010
Interesante mirada sobre las adicciones
KORNBLIT, Ana Lía (coordinadora)
Nuevos estudios sobre drogadicción. Consumo e identidad
1a. ed. Buenos Aires: Biblos, 2004
Ver más en Nuevos Paradigmas
miércoles, 17 de marzo de 2010
Pensar las adicciones

Pensando las adicciones. Aportes teóricos clínicos.
lunes, 26 de octubre de 2009
Historia de las sustancias adictivas
lunes, 19 de octubre de 2009
Filosofía de la droga
Giulia Sissadomingo, 27 de septiembre de 2009
Toxicomanías

Lo inclasificable de las toxicomanías. Respuestas del psicoanálisis
jueves, 3 de septiembre de 2009
Toxicomanías y psicoanálisis
Toxicomanías y psicoanálisis. Las narcosis del deseo.miércoles, 12 de agosto de 2009
En los márgenes

Maximiliano Antonietti,
El tóxico en los márgenes del psicoanálisis,
Lazos Editorial, 2008
Son tiempos oscuros los nuestros. Tanto más lejos de la polis, cuanto más cerca del televisor, tanto más consumidores como menos ciudadanos, tan perezosos en los procesos como ávidos del culto a las imágenes. Si el futuro llegó hace rato, si el destino ha desaparecido a sangre fría, si el espíritu se refugia nuevamente en las microesferas individuales de los cuatro canales de cable para aprender a cocinar exquisiteces onerosas, no es la luz la que grita, es la oscuridad.
Existe una tendencia tóxica general de nuestros tiempos y -no podría ser de otro modo- el encuentro de las toxicomanías y el psicoanálisis promete. Sin embargo, es muy poco lo que se ha escrito sobre éste encuentro. Quien quiera intentar esta literatura fácilmente lo puede comprobar. Que al tiempo de iniciada la lectura es evidente que no sólo se ha escrito poco, sino que, de lo poco, hay aún menos para el recuerdo.
Quizás sean unas cuantas las razones de todo esto. La primera de ese orden es que ni Freud ni Lacan se propusieron una verdadera "teoría" de las toxicomanías y, como sabemos, a los psicoanalistas no nos ha ido tan bien en aquellas cuestiones que no fueron allanadas por el trabajo de los maestros. En Lacan existen apenas tres o cuatro referencias al tóxico en función de las cuales (creer o no creer) hasta libros enteros han sido escritos. Que a unos cuantos psicoanalistas les basta con una frase de Lacan para, de ahí en más, deducir todo un orden de cosas.
En Freud las referencias no resultan tan claras. No puede decirse que las toxicomanías y el alcoholismo no hayan sido de su interés; basta para convencerse de ello los trabajos sobre la coca.1 Pero tampoco publicó nada en forma de historial, ningún caso donde las cuestiones del tóxico tengan algún protagonismo. Apela a la noción de tóxico en varias ocasiones, pero en ningún momento intenta una teoría que lo sistematice. Así de intrigados nos deja Freud al respecto.
La actualidad psicoanalítica nos tiene habituados (posiblemente más de lo que quisiéramos) a transitar las páginas de un trabajo y no tener la menor idea de cuál es el interrogante al cual ese trabajo responde. No sólo muchas veces resulta difícil seguir más o menos el hilo entre las innumerables, y ya a esta altura inevitables, citas de Freud y Lacan, sino que, entre cita y cita, es muy fácil extraviarse en la repetición innecesaria de frases que llevan la pretensión implícita de valer por sí mismas como argumentaciones.
En esos extravíos, si algo echamos de menos, son los interrogantes que se propuso el autor y que suponemos deberían enhebrar cada frase del trabajo. No hay frase en un texto que tenga pertinencia sin articulación con sus interrogantes, ni hay elaboración necesaria que no atienda a las preguntas iniciales. La cita, incluso, tiene un valor conceptual sólo en la medida en que pueda ser articulada con el conjunto de la argumentación. Sin esa articulación, un texto deja de ser necesario o, al menos, ya no sabemos para qué continuar con su lectura.
Cabe recordar que no siempre fue así. No siempre el principio de autoridad fue el principio de los principios y no siempre las citas se confundieron con los trabajos. Textos inmensos como Introducción al narcisismo2 o El malestar en la cultura3 no deben su vigencia sólo al autor de sus páginas, sino a que fueron elaborados con otro modo de interrogar, distinto del que la actualidad psicoanalítica nos tiene acostumbrados.
En el presente trabajo, pretendemos plantear un interrogante en términos psicoanalíticos; intentaremos establecer las condiciones de su elaboración y pondremos empeño en responder, en la medida de nuestras posibilidades, a la cuestión planteada.
Ese lugar, por decir así, marginal del tóxico en el psicoanálisis, no nos impide desprender de él algunas de sus consecuencias. Nada nos impide, tampoco, encontrar en el tóxico una buena excusa para interrogar a la clínica psicoanalítica. En este sentido, el recorrido de este trabajo por el tóxico y las toxicomanías obedece menos a los anaqueles nosográficos que al esmero por ahondar en los fundamentos del psicoanálisis. Por esta razón, es ineludible dilucidar el lugar del tóxico en la obra de Freud en su argumentación de las neurosis de transferencia.
Del mismo modo, rechazaremos la tentación de hacer, en función de la tendencia especializadora de la época, una "clínica de las toxicomanías". Este trabajo se valdrá, entonces, del tóxico como una excusa para tensar algunos hilos de la argumentación psicoanalítica.
Así las cosas, lector, propongo una frase que espero moleste un poco a sus oídos, como si fuera el estribillo de algún tema musical que no es de nuestro agrado pero no podemos dejar de tararear. La frase es ésta: El tóxico es una referencia fundamental en la argumentación de las nociones freudianas. Veremos a dónde nos lleva.
1 Sigmund Freud: Escritos sobre la cocaína, editorial Anagrama, Barcelona, 1980.
2 Sigmund Freud: "Introducción del narcisismo", en Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993, Volumen XIV, pág. 65.
3 Sigmund Freud: "El malestar en la cultura", en Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993, Volumen XXI, pág. 57.
Maximiliano Antonietti es licenciado en Psicología UNLP, investigador y docente de la Facultad de Psicología UNLP en la cátedra de Teoría Psicoanalítica y en el Seminario Toxicomanías. Integrante del equipo asistencial del CPA La Plata, Ministerio de Salud de la Pcia. de Buenos Aires; ha dictado cursos y seminarios sobre la temática y publicado trabajos en revistas especializadas.
domingo, 9 de agosto de 2009
Configuraciones toxicómanas

BARBAROSCH, Andrés, FLEISCHER, Deborah y WARJACH, David, No se conocía coca ni morfina. Configuraciones toxicómanas, Ediciones Grama.
martes, 21 de julio de 2009
Adicciones: la falta de sí

Marzo de 2009.
Autor: Jorge Tarela
Jorge Tarela
jueves, 9 de julio de 2009
Bibliografía sobre toxicomanías y alcoholismo

Autor: Fabián Naparstek y colaboradores
Cinismo
El cinismo y la figura de "Autarca", por Nekrosis
Grecia, siglo IV a. C. Las ciudades-estado griegas, fuentes de riqueza intelectual daban a su fin y abrían paso a una Grecia unida bajo el imperio del monarca, primero Filipo (351-336 a. C) y posteriormente Alejandro Magno (336-323 a.C). Si a este cambio de sistema político, de unas ciudades significativamente democráticas a monarquías tiránicas, le sumamos la opresión religiosa comprenderemos el malestar anímico del que eran presa los hombres y mujeres de la época.
En este contexto hacen aparición múltiples escuelas que intentan dar solución a este problema: tales como el escepticismo, el hedonismo, el cinismo y posteriormente el estoicismo. Nos centraremos aquí en el cinismo, que nace de la mano de Antístenes (443-336 a.C). Este discípulo de Gorgias (sofista griego) y Sócrates fundó una escuela llamada Cinosargo (el perro blanco), de donde proviene el nombre de cinismo (del griego kynismós: cinismo; kynós: perro). Pero si a Antístenes se le ha reservado el privilegio de ser reconocido como el fundador, Diógenes de Sínope (412-323 a.C) pasaría a ser recordado como el máximo representante de dicha filosofía.
El que fueran llamados (y se comportaran) como perros fue una de las señas de identidad de éstos maestros de la contracultura para los cuales nada humano merecía el más mínimo respeto. La crítica cínica lo abarca todo: Estado, propiedad, religión, familia, trabajo, sociedad... Además de comportarse como perros vivían como mendigos, siempre con aspecto descuidado, alojándose en cualquier lugar (Diógenes de Sínope era llamado el del tonel dado que éste era el lugar donde vivía).
La filosofía cínica es totalmente antipolítica y antisocial. Diógenes dijo en una ocasión que «los políticos son mayordomos magnificados». Los cínicos nos recuerdan que las leyes son artificiales y existen por coacción, mientras que las disposiciones de la naturaleza son necesarias. Se opusieron a todo proyecto político, no encontrando razón de ser en una autoridad cualquiera, y se declararon «ciudadanos del mundo». Se buscaba una vuelta a la Naturaleza, una forma de vida natural frente al agobio de la organización social.
Dicho esto, se deduce que los cínicos no presentaban ninguna alternativa o proyecto social, y menos político. Esto es correcto, la filosofía cínica tiene por objeto una meta puramente individual, el estado de autarquía. Autarquía viene del griego arkéo: “yo me basto” y se ha definido de forma más extensa como el «medio de liberación de las necesidades externas, es decir, sociales. Se es autosuficiente para poder vivir fuera del Estado, para no depender en nada de la sociedad», en tanto que lo social aparece como perversión de la naturaleza.
Enumerando uno de los ejemplos de la autosuficiencia cínica o autarquía, nos sumergiremos en un ámbito como es el del amor, que a más de uno le apena de forma obsesiva. Diógenes sentenciaba que «los enamorados encuentran su placer en ser infelices». Éste lograba satisfacer el apetito sexual masturbándose en medio del ágora (plaza pública) exclamando: «¡Ojalá el hambre pudiera ser también aliviada con sólo frotarse el estómago!».
Como medio para llegar a la autarquía proponían la ascesis, la renuncia de las pseudo-necesidades que crea la civilización. En palabras de Antístenes: «el equipaje de quien viaja debería ser tal que, caso de naufragio, pudiera nadar con él». Despreciaban el dinero, la fama y la nobleza.
A Diógenes se le recuerdan muchas anécdotas curiosas, acompañadas siempre del sarcasmo y sentido del humor que lo caracterizaban.
Hay que señalar que nuestro personaje, a pesar de ser objeto de burla, era muy querido entre la población. Una de sus anécdotas más conocidas relata un encuentro entre Alejandro Magno (que iba a la búsqueda de un filósofo) y Diógenes de Sínope; mendigo frente a emperador. Alejandro le ofreció lo que quisiese y Diógenes le contesto que únicamente deseaba “que se apartase, que le tapaba el sol”. El cínico más conocido en ocasiones iba acompañado de una lámpara en actitud de búsqueda: “Busco un hombre”, decía a quienes preguntaban (un hombre honesto tal vez). Dijo en una ocasión Diógenes: «Los perros muerden a los enemigos; yo muerdo a los amigos para salvarlos». En efecto, el cinismo parece ser una terapia a los males de la época (y a todas las sociedades habidas y por haber). Y Nos podríamos seguir deleitando con sus anécdotas, pero este artículo se extendería demasiado... Al cínico más famoso «le sobrevino un cólico a consecuencia de la ingestión de un pulpo crudo, hallando así la muerte». (Otra versión menos creíble apunta que se suicidó conteniendo la respiración). Los cinicos opusieron «a la fortuna, el valor; a la ley la naturaleza y a la pasión, la razón». He aquí las claves del cinismo.



